Duquende y Yolanda Cortes: una pareja de alto voltaje
La primera en salir al escenario fue Yolanda Cortés. La hija de la Tani y aprendiz de grandes figuras del baile como Farruquito y Antonio Canales, demostró sobre las tablas ese arte que heredó de su madre. Y lo hizo junto a las voces de Joaquín Gómez ‘El Duende’, Juaneke y Manuel Zambullo, además de los guitarristas Edu Cortés y Justo Fernández ‘El Tuto’ y la percusión de David Gómez.

La bailaora, engalanada con un traje en tonos rojos, se arrancó bailando por una soleá cantada por El Duende y seguida por el Zambullo. Los cantaores aparcaron sus voces durante un instante y en el Zorrilla se hizo el silencio. Solo se escuchaban las palmas y los tacones de Yolanda que fueron cogiendo compás al ritmo de la desgarradora voz de Juaneke. Al final, todos los cantaores arroparon a la artista mientras ella bailaba en el centro del escenario con pasión, fuerza y embrujo, hasta acabar desapareciendo tras las cortinas entre aplausos y ‘oles’ del público.
Esa pausa fue tiempo suficiente para que El Tuto demostrara su maestría con las cuerdas de su guitarra. Yolanda no tardó en volver al escenario, esta vez con un vestido en tonos chocolate, para bailar uno abandolaos al compás del Zambullo. Y así continuó la bailaora su repertorio durante tres cuartos de horas, para finalizar por siguiriyas con un público en pie y entregado a la magia y el arte de esta gitana catalana.
Y llegó el turno de Duquende, acompañado por el jovéncisimo Tuto. Descubierto a los nueve años por el legendario Camarón, formó parte durante ocho años del grupo de Paco de Lucía, además de colaborar con artistas de la talla de Chicuelo y Miguel Poveda.
El que es considerado por los expertos como una de las voces más grandes del flamenco no defraudó a su público. Duquende hizo honor, una vez más, a su nombre artístico que significa ‘duende’ en ruso. Y así cantó, con duende, demostrando todo lo aprendido hasta ahora de sus antecesores. Se subió al escenario sin tener nada premeditado, pues le gusta buscar el momento y se inspiró con el público que tenía delante y que escuchaba entusiasmado sus cantes.
En esta ocasión, el cantaor sabadellense abrió su espectáculo con cantes de levante, destacando su interpretación de la taranta a Gabriela. Siguió su repertorio por soleá, tangos bulerías y finalmente acabó su actuación con unos fandangos que pusieron en pie al teatro.








